Reflejos del ayer

Muchas veces una relación deja de ser estrictamente personal. Se convierte en el reflejo de una relación mal resuelta. En realidad, toda relación que escala en intensidad entró en el juego del reflejo. Ya no se relacionan de modo transparente dos personas. Aparecen modalidades repetidas de una conflictiva anterior, una que quedó sin resolución y sin salida.
Esas relaciones son tan difíciles de cortar como de mantener. Tienen la atracción fatal de ser reediciones de vínculos primarios complejos. La escalada emocional puede ser positiva o negativa. A veces genera endiosamiento, admiración desmedida. Otras veces genera enojo, impotencia, odio.
El caso más común aparece frente a las figuras de autoridad, cuando no se resolvió bien el vínculo primario con la autoridad de los padres. Ahí, frente a cualquier figura de autoridad, surge una reacción conflictiva: agresiva o admirativa. Lo complejo es la emergencia inconsciente de las propias problemáticas. Cada uno insiste en poner el problema afuera, en culpar al otro, en vez de entender el sentido de que esta relación —patrón repetitivo, al fin y al cabo— se presente una vez más, ahora y de esta manera.
Idealmente, una de las partes toma conciencia de lo que pasa. Desde un lugar más neutro, puede desatar el nudo. Puede tomar distancia emocional y volver a encontrarse con la persona real que hay del otro lado, en vez de ver en ella solo el reflejo de una conflictiva interior. Lograr encuentros personales, en vez de reflejar patrones irresueltos en los demás, es mucho más difícil de lo que parece.
Ese es el verdadero sentido de vivir el presente: no traer al hoy lo de ayer.







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