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Qué decir

  • Photo du rédacteur: Rosario Lopez
    Rosario Lopez
  • 17 juin
  • 2 min de lecture

Creo que muchas veces es difícil saber cuándo es positivo hacerle una observación al otro y cuándo es mejor no hacerlo. Porque, aunque lo que uno dice pueda ser cierto, la otra persona no siempre está preparada para escucharlo.

Por otro lado, qué triste sería que, por tu manera de reaccionar frente a las observaciones, los demás hayan aprendido que con vos no se puede hablar de ciertos temas, que no se te puede confrontar o decir nada que te incomode.

Estoy convencida de que es mejor pensar todo lo que se dice y no decir todo lo que se piensa.

Y en ese “pensar” está lo más importante: preguntarse si la otra persona se va a beneficiar con nuestro comentario, si lo que vamos a decir va a aportar o simplemente a lastimar, si es el momento adecuado y si vale la pena decirlo teniendo en cuenta la situación y el vínculo.

Es una reflexión que ya aparece en el Noble Sendero Óctuple del budismo, a través del concepto de la “palabra correcta”: antes de hablar, preguntarnos si nuestras palabras son verdaderas, necesarias, beneficiosas y si nacen de un lugar de conciencia y amor.

Porque no es lo mismo opinar en la vida de un hermano que en la vida de un amigo. Y aun dentro de esta diferencia existen miradas distintas. Algunos creen que, con la familia, uno tiene casi la obligación de señalar aquello que considera importante. Otros piensan que justamente con la familia hay que aceptar al otro tal como es. En cambio, hay quienes creen que los amigos son quienes merecen escuchar nuestra mirada porque justamente nos eligen también por nuestra sinceridad y porque valoran nuestro punto de vista.

Como verás, hay muchas perspectivas y todas tienen algo de válido.

Yo estoy convencida de que decirle a alguien, de buena manera, aquello que uno observa requiere un acto de amor. Muchas veces es mucho más fácil callarse y seguir con la propia vida.

Pero tampoco estamos solos. La vida misma es la gran confrontadora. Porque las acciones mal encaminadas siempre tienen consecuencias. Y muchas veces es la propia realidad, a través de sus resultados, la que termina mostrándonos aquello que no quisimos ver.

“Cuando hables, procura que tus palabras sean mejores que el silencio.”Proverbio indio

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