La pena

«La pena absorbe todo y lo magnifica», dice Eva María Rodríguez en un texto publicado en La Mente es Maravillosa. Este concepto es importantísimo para poder comprender al otro en sus noches oscuras.
Si tomás al pie de la letra lo que tu amigo dice en esos momentos en los que ve «todo negro», probablemente te parezca un exagerado, alguien que ve fantasmas donde no los hay. Pero si sos capaz de ponerte por un momento en sus zapatos, de entender que está lastimado, herido, hablando a «carne viva», vas a poder dejar pasar lo más intenso o exagerado de lo que dice y llegar al fondo de la cuestión, donde suele haber mucha verdad.
La verdad de quién es el otro puede estar ahí, más allá del contenido exacto de sus palabras y de la manera en que logra expresarlas en ese momento de dolor.
La pena magnifica todo. Por eso, en medio de una crisis aparecen palabras como nunca, siempre, jamás, todos… que, tomadas literalmente, no son necesariamente válidas ni verdaderas. Pero muchas veces son la exageración de algo verdadero que sí está ahí: una sensación de abandono, de desamor, de descuido, de soledad que la persona puede estar experimentando en ese momento.
La pena también absorbe todo porque, cuando alguien está sufriendo, puede dejar de ver aquello que sí está, todo lo que todavía existe de bueno en su situación actual. El dolor puede arrasar, por un tiempo, con todo aquello que tanto costó construir. Y es lógico. Así funciona la pena.
Pero si este concepto te acompaña, quizás puedas estar ahí de otra manera: ser hombro sin juzgar, ofrecer apoyo sin sentir que tenés que resolverlo todo, y seguir siendo amigo incluso cuando hoy haya puertas que parecen cerradas.
Porque acompañar a alguien en su dolor no siempre significa estar de acuerdo con todo lo que dice. A veces significa poder escuchar lo que hay detrás de sus palabras.







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