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La vergüenza salta una generación

Photo du rédacteur: Rosario Lopez
Rosario Lopez
13 sept.
1 min de lecture

Creo que la vergüenza salta una generación. Quien sintió, en algún momento de su vida, que era motivo de vergüenza para la familia —tal vez por ser hijo natural, o fruto de un embarazo no deseado— aprende desde chico a sobrecompensar. Aprende a adaptarse a esa situación delicada.

Entonces se hace millonario, tiene éxito social. Todo en pos de lograr un lugar en la sociedad, de ser reconocido como valioso. En general, termina siendo una persona soberbia, altanera, que impone sus puntos de vista. Pero esa vergüenza que lleva adentro no desaparece. Y entonces se la transmite a sus hijos.

Hijos que no tenían razones para sentirse inferiores a nadie. Pero que absorben la incomodidad frente a la vida, frente a la sociedad, que sentían sus padres.

Así se hace patente, una generación más tarde, una lucha interior: sentir que uno tiene derecho a vivir. Que es bueno que uno exista.

Creo que la vergüenza es uno de los sentimientos más difíciles de llevar. Muchas veces, lo que no logramos sanar ni nombrar en una generación se transmite a la siguiente como silencio o incomodidad. Sanar es también liberar a los que vienen después de nosotros.

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