Admiración en la pareja
- Rosario Lopez
- 4 juin
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Las relaciones amorosas suelen comenzar con admiración. Nos atraen personas que tienen algo que sentimos que nos falta. Si somos tímidos, nos atrae alguien seguro. Si somos miedosos, alguien valiente. Si nos cuesta manejarnos económicamente, alguien organizado. Si dependemos mucho de nuestra familia, alguien independiente.
Y también sucede al revés. La persona segura puede admirar la sensibilidad del tímido. El valiente, la prudencia del que tiene miedo. El independiente, la capacidad del otro para construir vínculos cercanos y duraderos.
Pero las parejas no permanecen iguales. Con los años, cada uno va incorporando algo del otro. El tímido gana confianza. El seguro aprende a ser más reflexivo. El miedoso se anima más. El valiente se vuelve más prudente.
Y ahí puede aparecer una crisis.
Aquello que admirábamos tanto deja de parecernos tan extraordinario porque ya forma parte de nosotros. Además, empezamos a ver en el otro aspectos que también nos pertenecen, pero que no nos gustan demasiado. Como si la pareja nos mostrara, en un espejo, partes nuestras que preferiríamos no ver.
Por eso algunas crisis de pareja son tan difíciles. No se trata solamente de que el otro cambió. También se trata de que nos enfrenta con aspectos de nosotros mismos que todavía no terminamos de aceptar.
Sin embargo, cuando logramos reconocer e integrar esas partes —nuestras fortalezas, nuestras heridas y nuestras maneras de defendernos—, la relación puede transformarse. Y desde ese lugar, el amor tiene la posibilidad de renovarse y dar paso a una nueva etapa, más profunda y más consciente.






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