La queja
Dernière mise à jour : 13 sept.

Me encanta un juego que implementó una pareja amiga: cuando uno de los dos necesita quejarse, tiene que subirse a una silla. El que se queda abajo, mientras escucha todo lo que el otro tenga para decir, responde siempre lo mismo: «Sí, yo te quiero y te valoro».
Me parece interesante porque pone en evidencia un mecanismo bastante común: cuando no nos sentimos amados, queridos, tenidos en cuenta o mimados, nos quejamos. Y muchas veces la queja aparece justamente cuando sentimos que no estamos recibiendo el amor que necesitamos. Pero entonces surge una pregunta: ¿no te sentís amado o no sos amado? Porque la queja no va a resolver un problema de falta de amor. El reclamo, la insistencia en ser tenido en cuenta o la demanda constante no van a hacer crecer el amor que el otro siente por vos. Y si la respuesta es que vos no te sentís amado, pero sí sos amado, tal vez el problema esté en otro lado. Quizás la manera en que el otro expresa su cariño no coincide con la manera en que vos necesitás recibirlo. Y en ese caso, quizás haya que replantear toda esa queja.
Quizás muchas veces, detrás de mi reclamo, no haya realmente enojo sino una necesidad mucho más simple y vulnerable: «Necesito sentirme querida». Entonces la próxima vez que tenga ganas de quejarme, antes de hacerlo podría preguntarme: ¿qué estoy necesitando realmente? ¿Estoy reclamando porque algo importante está pasando o porque necesito sentirme querida? Y si logro reconocer esto, quizás pueda reírme un poco de mí misma, decir lo que realmente necesito y dejar de lado la queja.







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