Cupido
- Rosario Lopez
- 15 juin
- 1 min de lecture

«Cupid's demanding back his arrow...» ("Cupido nos pide que le devolvamos la flecha"), canta Keira Knightley en Begin Again.
Y creo que así funcionan todas las relaciones. Al principio, la flecha de Cupido nos hace ver casi exclusivamente lo mejor del otro. Todo parece especial, valioso y encantador. Pero llega un día en que Cupido pide la flecha de vuelta. La idealización se desvanece y empezamos a ver al otro tal como es: una persona real, con virtudes y defectos, fortalezas y heridas.
A partir de ese momento, sólo queda en pie lo que haya crecido de verdad entre los dos. Si durante el tiempo de enamoramiento se construyó un vínculo sólido, la relación puede seguir profundizándose. Si no, aparece el desencanto y el otro pierde gran parte de su brillo.
Lo mismo ocurre con los hijos. Durante los primeros años nos resultan especialmente tiernos y adorables. Es como si acumularan un "crédito" de amor que más adelante nos ayudará a atravesar las etapas difíciles. Cuando desaparece la idealización, ya no sostenemos la relación porque el otro nos parece perfecto, sino porque existe un lazo real que hemos construido con él.
La flecha de Cupido no está hecha para durar para siempre. Está hecha para darnos el tiempo necesario para construir algo que sí pueda durar.






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